Cibersur.com | 13/02/2026 12:54
La accesibilidad que ofrecen los asistentes virtuales y chatbots han convertido estas herramientas en un recurso tentador para quienes buscan respuestas rápidas. Sin embargo, la falta de contexto clínico, la ausencia de acceso al historial completo y la incapacidad de las IA generalistas para evaluar factores complejos, suelen conducir a diagnósticos equivocados y retrasos peligrosos a la hora de recibir la atención médica adecuada.
“El principal riesgo es confundir una orientación general con un diagnóstico clínico real. Un diagnóstico médico no se basa sólo en síntomas aislados sino en antecedentes, medicación, exploración física, evolución temporal y pruebas complementarias. La IA puede cometer errores de interpretación, sobredimensionar causas raras o pasar por alto señales de gravedad. Además, muchas herramientas no tienen acceso a datos clínicos completos y por eso se equivocan, por mucho que suenen convincentes. El resultado puede ser doblemente dañino: falsa tranquilidad cuando hay un problema serio o alarma excesiva ante procesos banales”, explica Juan José Beunza, catedrático de Salud Pública y director de IASalud en la Universidad Europea.
El 66% de los españoles recurren a la inteligencia artificial para consultar síntomas o problemas de salud y el 24,8 % admite autodiagnosticarse digitalmente antes de acudir a un médico, según una encuesta reciente encargada por la aseguradora Línea Directa. Entre los jóvenes de 16 a 19 años, el porcentaje puede alcanzar el 90 %. Ante estos hábitos, el profesor Beunza advierte de que “la sobreinformación amplifica el sesgo de amenaza, ya que uno empieza buscando una explicación simple y termina leyendo escenarios extremos. Eso eleva la ansiedad, aumenta la hipervigilancia corporal y hace que sensaciones normales se interpreten como signos de enfermedad”.
La conclusion es que la IA “puede ser útil para orientar y ordenar dudas, pero nunca debe sustituir la evaluación médica cuando hay síntomas de alarma, empeoramiento progresivo o falta de mejoría. Por la misma razón por la que no confiamos nuestra salud a un estudiante de tercer curso de medicina ni volamos en un avión pilotado por un novato sin supervisión, no deberíamos confiar nuestra salud a una herramienta que alucina regularmente”. Y ya pensando en el futuro, vaticina Juan José Beunza: “La medicina será más tecnológica, sí, pero también más humana. La inteligencia artificial aporta escala y rapidez, automatizando procesos y dando luz asociando datos, mientras que el profesional aporta juicio clínico, contexto y responsabilidad sobre la decisión final”.