Cibersur.com | 10/02/2026 09:46
Decisiones que se toman en minutos, tecnología de alta precisión y vidas que pueden cambiar para siempre. En el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, el Grupo Español de Neurorradiología Intervencionista (GENI) da voz a las mujeres que están detrás de algunos de los tratamientos más decisivos frente al ictus y otras patologías cerebrovasculares, una especialidad que salva vidas cada día y que, pese a su enorme impacto, sigue contando con pocos referentes femeninos.
Con motivo del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia (11 de febrero), la Sociedad del Grupo Español de Neurorradiología Intervencionista (GENI) pone el foco en la presencia femenina en una de las especialidades médicas más estratégicas y menos visibles del sistema sanitario. La neurorradiología intervencionista es clave en el abordaje terapéutico de patologías tan graves como el ictus o los aneurismas cerebrales. El ictus es, además, la tercera causa global de muerte en España, pero la primera en mujeres. Además, es también la primera causa de discapacidad adquirida en adultos, con un impacto social enorme y económico estimado en 10.000 millones de euros.
“La mayoría de la sociedad no sabe que existimos hasta que nos necesita”, explica Isabel Bermúdez-Coronel Prats, neurorradióloga intervencionista del Hospital Ramón y Cajal con ocho años de experiencia. “Sorprende descubrir que tratamos un ictus o un aneurisma cerebral de pocos milímetros sin cirugía abierta y, muchas veces, en cuestión de minutos”.
En la última década, técnicas como la trombectomía mecánica han cambiado de forma radical el pronóstico de miles de pacientes, reduciendo de manera significativa la mortalidad y las secuelas neurológicas en los ictus más graves, que son los que afectan a las arterias principales del cerebro, cuando el tratamiento se aplica a tiempo. Durante el 2024 se realizaron en España unas 10.000 trombectomías para ictus, una cifra muy elevada respecto al reducido número de neurorradiólogos intervencionistas que trabajan en nuestro país, que se limita a tan solo 140 especialistas.
Pese a la relevancia clínica y social de la especialidad, la presencia femenina continúa siendo limitada. Actualmente, las mujeres representan en torno al 20% de los profesionales, una cifra muy inferior al peso femenino en las facultades de Medicina, donde superan el 70% del alumnado y una mayoría clara entre los nuevos licenciados.
Esta brecha se explica por factores estructurales como as guardias complejas, la falta de referentes visibles y las dificultades de conciliación, especialmente en etapas como la maternidad. Aun así, cada vez más mujeres están accediendo a esta especialidad de alta complejidad tecnológica, aportando talento, diversidad y nuevas perspectivas a equipos que trabajan en la primera línea de la atención neurovascular.
Esta falta de visibilidad no solo afecta al reconocimiento social, sino también a la percepción de la especialidad entre las nuevas generaciones. “Cuando no ves mujeres referentes, es fácil pensar que es un entorno ‘de hombres’, poco conciliador o inaccesible”, señala Bermúdez-Coronel. “Visibilizar nuestro trabajo ayuda a romper esos prejuicios y a atraer talento”.
Más allá de géneros, una especialidad vocacional
Para Sonia Mosteiro Añón, neurorradióloga intervencionista en el Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña desde 2004, la vocación nació tras una experiencia personal: “Uno de mis hermanos sufrió un ictus hemorrágico por una malformación arteriovenosa no conocida. Descubrí entonces la neurorradiología intervencionista y me pareció fascinante”.
Una motivación similar comparte Marta Aguilar Pérez, neurorradióloga intervencionista del Hospital Universitario Virgen del Rocío (Sevilla) con 15 años de experiencia, quien destaca la combinación entre tecnología y urgencia vital: “Me atrajo la posibilidad de unir la radiología con procedimientos mínimamente invasivos que permiten ayudar al paciente en situaciones críticas y ver de forma inmediata el impacto del tratamiento en su recuperación”.
Además, las tres coinciden en que se trata de una especialidad exigente, donde la tecnología y la toma de decisiones rápidas son clave. “Cada recuperación tras un ictus, cada paciente que vuelve a hacer vida normal semanas después, compensa todos los esfuerzos”, afirma Bermúdez-Coronel. “Es una sensación difícil de describir”.
En los últimos años, la especialidad ha vivido una auténtica revolución tecnológica: angiógrafos de última generación, dispositivos cada vez más precisos, inteligencia artificial aplicada al diagnóstico y, en un futuro cercano, robótica endovascular y procedimientos controlados en remoto. “La tecnología nos permite ser más rápidas, más precisas y reducir riesgos para el paciente”, explica Mosteiro.
En la misma línea, Aguilar Pérez subraya que “la mejora de los equipos de angiografía y la incorporación progresiva de la inteligencia artificial están ampliando las patologías que podemos tratar y mejorando de forma clara los resultados clínicos”.
Dificultades persistentes: conciliación, maternidad y liderazgo
Pese a los avances, las profesionales reconocen que persisten obstáculos. La conciliación sigue siendo uno de los principales retos, especialmente por el número y la exigencia de las guardias. A ello se suma una realidad poco conocida: durante el embarazo, las mujeres intervencionistas pueden tener limitación en la realización de procedimientos con radiación ionizante, lo que en algunos casos puede implicar dejar temporalmente la actividad intervencionista y una pérdida económica asociada a las guardias.
“En la sanidad pública no existe brecha salarial directa, pero sí un ‘gap’ durante el embarazo que debería corregirse”, apunta Bermúdez-Coronel. Otro de los grandes retos es la escasa presencia femenina en puestos de liderazgo. Actualmente, las mujeres ocupan un porcentaje muy pequeño de las jefaturas de sección en neurorradiología intervencionista en España y Europa, y su representación en comités científicos y como ponentes en congresos sigue siendo limitada.
Más mujeres y diversidad para dar lugar a mejores equipos
Pese a todo, el mensaje es optimista. “La presencia femenina ha aumentado claramente en los últimos años y seguirá haciéndolo”, afirma Mosteiro. “Es el reflejo natural de una medicina cada vez más diversa”. Ambas doctoras coinciden en la importancia de contar con equipos diversos, donde diferentes perspectivas enriquecen la toma de decisiones y el trabajo clínico. “No hay trabajos de chicos o de chicas”, subraya Bermúdez-Coronel. “La diversidad aporta valor real a los equipos y a los pacientes”.
“Es una especialidad muy exigente y, en muchas ocasiones, seguimos siendo la excepción en comités o reuniones”, señala Aguilar Pérez. “Por eso es fundamental contar con información adecuada, protección y apoyo institucional para que la maternidad no se convierta en una barrera profesional”.
Por todos estos motivos, desde GENI se insiste en la necesidad de seguir avanzando en visibilidad, reconocimiento y formación, así como en garantizar el acceso equitativo a técnicas como la trombectomía mecánica en todo el territorio. También se reclama el impulso de programas de mentoría, referentes femeninos visibles y mejores condiciones para facilitar que más mujeres accedan y permanezcan en la especialidad.
“Queremos que la sociedad nos conozca no por quiénes somos, sino por lo que hacemos: tratar enfermedades graves con técnicas mínimamente invasivas que salvan vidas y evitan discapacidades”, concluye Bermúdez-Coronel. Y el mensaje para las futuras científicas es claro.
“Adelante, con paso firme y decidido”.
En una jornada como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, GENI subraya la importancia de acercar estas disciplinas a las nuevas generaciones y de mostrar referentes reales en áreas donde la ciencia, la tecnología y la medicina salvan vidas cada día.